sábado, 8 de agosto de 2026

LAS COLOMBINAS 2026... DESDE EL 11


 Hay cosas que vuelven cada año sin que uno termine de acostumbrarse a ellas. Vuelve el verano. Vuelven las luces encendidas cuando la tarde empieza a rendirse. Vuelve el bullicio, el caballo, el albero, las noches largas y las conversaciones que empiezan hablando de toros y terminan hablando de la vida. Y vuelve Huelva a mirarse en el espejo de sus Colombinas.

Pasó un año más. Y quizá, si uno mira el papel, haya sido uno de los carteles más completos de los últimos años. Ha habido de todo, como en botica: novillada sin caballos y novillada con caballos —que no falten nunca, porque en esas manos jóvenes está el mañana de este tinglado—; una corrida de Miura para recuperar el pulso torista que nunca debimos perder; rejones, porque Huelva también entiende de caballos; y dos tardes de figuras. Morante, Roca Rey, Luque, Perera y David de Miranda. Sobre todo David de Miranda. Porque si algo tuvieron estas Colombinas fue nombre propio. Y ese nombre fue el de un torero que lleva diez años caminando por el albero de la profesión y que, quizá sin que nos hayamos dado cuenta, ha empezado a caminar también por la historia taurina de su tierra.

Hubo una buena corrida de Juan Pedro Domecq, con ese indulto casi convertido ya en tradición de agosto. Y, si hubiera que buscarle una grieta a estas Colombinas, seguramente estaría en el día grande: seis toros de distintas ganaderías para una plaza que quizá merecía otra cosa. Pero eso es la fiesta, una suma de aciertos y desaciertos. De tardes que se quedan y tardes que se escapan. De toros que embisten y toros que no. De toreros que vuelan y otros que simplemente pasan. Y este año, además, las vi desde el 11 Bajo. Rodeado de gente excelente, y eso, aunque no figure en ningún cartel, también cuenta.

Donde empieza el futuro

El 29 de julio se abrió la puerta de la feria y detrás de ella venía el futuro. Novillos de Arucci y D. Manuel Ángel Millares para una novillada sin picadores en la que los chavales pudieron asomarse, por primera vez o casi, a ese abismo que es una plaza de toros todavía con el oficio a medio hacer. Todavía con los pasos inseguros. Todavía aprendiendo dónde se pone el cuerpo, dónde se pone el alma y dónde se pone el miedo pero con ganas. Y mientras haya ganas, habrá futuro.

Al día siguiente llegó la novillada con picadores de Cochicho, y aquí la ilusión se encontró con un enemigo que no estaba en los planes: la falta de fondo y de raza. Una novillada que terminó apagando demasiadas ilusiones. En el cartel, dos toreros de Huelva: Carlos Tirado y Guillermo Luna. Los dos estuvieron muy por encima de lo que tenían delante... y luego apareció Julio Norte. El salmantino pasó por Huelva como pasan los trenes cuando llevan prisa. Arrollador, con hambre. Con esa sensación de que algo está a punto de ocurrir, demostró por qué está a las puertas de la alternativa y, de no haber sido por la espada, quizá habría acabado saliendo a hombros.  En esta tarde, además, la tarjeta de memoria decidió hacer de las suyas, jugandome una mala jugada de esas que uno acepta con resignación y esperanza. Espero recuperar las fotografías porque algunas tardes también merecen ser recordadas en imágenes.









Miura: cincuenta años después

Y entonces llegó el 31 de julio. Y Huelva volvió a escuchar un nombre que llevaba medio siglo sin pronunciarse desde el ruedo. Miura. Cincuenta años de ausencia. Cincuenta años son demasiados para cualquier cosa. Pero quizá no para un nombre como este, porque hay ganaderías... y luego está Miura.

Una corrida perfectamente presentada que volvió a recordarnos por qué estos toros ocupan un lugar diferente en la tauromaquia. Con Miura todo pesa más. Una embestida, un capotazo, un par de banderillas, un muletazo... Hasta los silencios tienen otra densidad. Lo que se hace delante de un Miura llega al tendido de una manera distinta. Y en esa tarde tengo que quedarme con Manuel Escribano. Un torero que no sabe guardarse nada. O quizá sí sabe, pero ha decidido no hacerlo nunca. Honesto hasta las últimas consecuencias. De los que dejan el cuerpo, el miedo y el orgullo en el mismo sitio: delante del toro. Después del percance sufrido en el tercio de banderillas del primero, salió de la enfermería, porque había venido a torear. 

Pero, sobre todo, porque había venido a Huelva, a esa Huelva que tanto le ha dado desde aquel 2004 en el que mató su primera corrida después de la alternativa, precisamente ante toros de D. Manuel Ángel Millares. Y no creo que mereciese el trato de la presidencia. No después de una tarde en la que el de Gerena dejó hasta la última gota. Alejandro Conquero volvía a su tierra y suyo fue uno de esos momentos que para algunos pueden pasar desapercibidos, pero que para un aficionado tienen un valor enorme: Dejar ver el toro en el caballo. Dejarlo llegar. Ponerlo largo. Darle distancia aun sabiendo que aquello puede jugar en contra. Eso es de agradecer. Mucho. Porque cuando se torea tan poco y, aun así, se aceptan compromisos como Miura, Cuadris, Prieto… hay algo que va mucho más allá de una tarde. Hay una voluntad. Hay una dignidad. Hay una forma de entender esto. El Fandi completaba el cartel.










Un toro extraordinario y una pregunta incómoda

El 1 de agosto amaneció con ese olor de las tardes importantes. Y terminó con el indulto de turno. “Onírico” un toro extraordinario de Juan Pedro Domecq. Un toro que, en las manos de Perera, fue creciendo, que terminó embistiendo más y mejor cuando la faena ya estaba muriendo que cuando apenas comenzaba. Un toro de vuelta al ruedo. Sí, pero no de indulto.

Lo que Conquero quiso enseñarle al AFICIONADO el día anterior, Perera se lo guardó para él. Un picotazo en el caballo y poco más. Y así no se puede indultar un toro. No debería ser tan complicado, ponerlo dos veces más de lejos, dar la vuelta a el palo si no se quiere castigar más en el peto y dejar que el toro demuestre lo que lleva dentro. Así de sencillo. Así se acabarían muchas de las teorías de la indultitis. Lo cierto y verdad es que “Onírico” se volvió a Lo Álvaro y todos contentos.

Y Roca Rey llegó a Huelva dispuesto a no dejarse ganar la partida. Llegó hecho un tío sin mirar demasiado alrededor y sin dejar que el ambiente decidiera por él. Y volvió a demostrar por qué está donde está. Y entonces apareció David de Miranda en su primera tarde y quizá ya entonces empezábamos a intuir lo que vendría después. Porque David no toreó simplemente en Huelva, David toreó para Huelva. Para esa tierra que le vio crecer. Para esa plaza que ha sido testigo de cada escalón de su carrera. Para una afición que lo ha visto caerse, levantarse, aprender y convertirse en torero. Diez años después de la alternativa, quizá haya llegado el momento de decirlo sin miedo: David empieza a mandar. Y si hay dos palabras que llevan años buscándose, son estas: Huelva-Miranda. Miranda-Huelva. No sé si existe una combinación más bonita.












Cuando Huelva se sube a caballo

El 2 de agosto cambió el sonido. Volvieron los rejones, y volvió también el caballo. Tercer “no hay billetes” de las Colombinas. Porque Huelva no solo sabe de toros, Huelva sabe de caballos. Los lleva dentro. Seis rejoneadores y una corrida de Fermín Bohórquez que no terminó de estar a la altura de las expectativas, y sin embargo, seis hombres empeñados en hacer fiesta. Andy Cartagena, Diego Ventura, Andrés Romero, Guillermo Hermoso de Mendoza, Sebastián Fernández y Duarte Fernandes. Todos por encima de lo que tenían delante. Sí, reconozco mi debilidad por los Hermoso de Mendoza, pero sería injusto quedarse ahí. Porque Sebastián Fernández me sorprendió... y mucho. El granadino tuvo una tarde para reivindicarse. Y Duarte Fernandes, ese portugués que quizá algunos miraban con más curiosidad que certezas, dejó también razones para mirarlo de otra manera. Y Guillermo volvió a explicar, sobre el caballo, que el toreo no necesita siempre arena. A veces basta con cuatro patas, un jinete y un animal buscando juntos la distancia exacta.










El día que debía ser grande

Y llegó el 3 de agosto. En el día grande de Huelva llegaba a Huelva Morante de la Puebla, nombrado por muchos el nuevo mesías del toreo. El último genio para otros. Morante es eso, un misterio. Un hombre que parece estar esperando que todas las piezas del puzle encajen para empezar a torear. Cuando encajan, sucede algo distinto. Algo que no se explica y que simplemente ocurren. Pero en Huelva no quisieron encajar. El primero de Domingo Hernández se rajó demasiado pronto, y el segundo, de Pablo Mayoral, fue un inválido que apenas pudo moverse después del recibo muletero. Y Morante tiró por la calle de en medio. No hubo milagro basicamente porque tampoco hubo toro. Incomprensible la actitud de una plaza por la que bebo los vientos, pero que a veces tiene actitudes difíciles de defender. Y después vino Daniel Luque, por encima de un toro de Pereda demasiado soso. En su segundo, encontró un gran toro de Santiago Domecq y entonces sí. Entonces hubo faena de las que cambian una tarde, de las que justifican una entrada y de las que dejan el albero con otra temperatura. Faenón y puerta grande.

Y entonces estaba David

Me preguntaron el otro día si disfruté con David de Miranda y tuve que pensarlo. Porque la verdad es que yo disfruto con David cuando ya todo ha pasado. En la plaza no me da tiempo. No puedo. Me cuesta disfrutar porque estoy demasiado ocupado sufriendo. Porque con David ya no hay límites. No quedan. Los ha ido empujando uno a uno hasta colocarlos muy lejos de donde estaban. Miranda es capaz torear un toro con clase como nadie, pero también es capaz de coger a cualquiera del montón y hacer que parezca un toro con esa misma clase, meterlo en la muleta y hacerlo parecer fácil, como si el toro fuera bueno porque él lo ha decidido. Este ya ve toro donde los demás vemos poco. Ve toro en el bueno, en el menos bueno y hasta en el malo. Quizá porque conoce al toro, quizá porque conoce el miedo, quizá porque, después de tantos años, ha aprendido que delante de un animal bravo siempre queda una última posibilidad. David se ha convertido en Goliat.

Y aquella tarde le quedaba la deuda de Huelva, y David no sabe pagar a medias. Se vació con el primero de Juan Pedro, y con el segundo, de Pablo Mayoral, alcanzó algo más difícil todavía: Lo sublime. Y ahí está nuestra penitencia. En mirar cómo este hombre pone los muslos delante de una profesión que demasiadas veces ha olvidado que la dignidad también se torea. David se puso delante de un toro que tenía poco bueno dentro... y lo obligó. Le pudo. Lo sostuvo y lo llevó. Lo toreó. Y cuando ya no quedaba nada que pedirle a la tarde, sacó la espada. La estocada de las Colombinas. La que cerró el círculo y la que convirtió una faena en recuerdo. Y una feria hecha en historia. Grande David. Grande Miranda.












Hasta que vuelva a cruzar la bahía

Y se fueron Las Colombinas, como se van todas las cosas que uno espera durante meses y que, cuando llegan, pasan demasiado deprisa. Se fueron los toros, los caballos, las luces, las noches, los tendidos llenos, los “¿has visto lo que ha hecho?”, los “ese toro era de vuelta”, los “eso no era un indulto”, los abrazos, las fotografías, los silencios... Y se fue también este 2026 taurino que, desde el 11 Bajo, he intentado guardar como he podido. Espero haber estado a la altura con las fotografías que buenamente pude tomar. Prometo mejorar. Porque uno siempre promete mejorar cuando quiere seguir mirando. Y yo quiero seguir mirando, seguir aprendiendo, seguir equivocándome... seguir viendo a Huelva. Mi Huelva.

Porque al final, después de los toros, de los nombres, de las puertas grandes y de las orejas, siempre queda ella...Huelva. La que se queda cuando todo termina, la que apaga poco a poco las luces, la que recoge la feria y vuelve a ponerse su traje de ciudad, La que mira hacia la ría cuando la noche empieza a caer. Y entonces aparece esa imagen. Los pescadores, cansados de sus labores, regresando a Punta Umbría .... Aaayyyy, mi Huelva quiero seguir viéndote cruzar la bahía.


domingo, 26 de abril de 2026

PALOS DE LA FRONTERA 2026

 


Desde hace algún tiempo solo me dedico a dejar retales en forma de imágenes de los festejos a los que asisto, y es que hay berenjenales de los que es mejor no meterse porque no aportan nada. Pero creo que la tarde de hoy merece algunos apuntes.

Estamos de acuerdo en que la plaza de Palos es de 3ª categoría, pero creo que la categoría de una plaza se la dan otro tipo de cosas. Palos de la Frontera tendría que cuidar un poco mas ciertos aspectos como la presentación de una corrida de toros, y mas con la categoría de los carteles que anuncia. Y sobre todo en la exigencia a la hora de pedir y conceder trofeos, que la feria estaba de puertas afuera de la plaza.

Otro tema mas que serio (si se quiere ser serios) es el del trasiego por pasillos en busca del cubata de turno mientras un hombre se está jugando la vida. Es insoportable ver pasar gente por delante tuya durante las faenas. No sé si corresponderá a la empresa o la titularidad de la plaza, pero hay cosas que ni son serias ni creo que debieran ser permisibles.

En cuanto a lo que dió de si la tarde en lo artístico, la decepción de un torero que para mi es de culto: Diego Urdiales. la actitud del riojano dejó mucho que desear por muy poco fondo que hubiese tenido su lote.  Lo de David de Miranda es imparable. No se puede torear mejor ni mas despacio en el primero de su lote, uno de los toros que en el último tercio siempre quiso coger los trastos por abajo y con mucha clase. Y la gran impresión de Victor Hernández. Me ha encantado el concepto del torero madrileño, un chaval al que sin duda alguna hay que seguir. Muy completo, sobre todo en su segundo, el sexto de la tarde y que fue el otro toro a destacar de la corrida.

Enhorabuena a los tres espadas por el triunfo de esta tarde.

































LAS COLOMBINAS 2026... DESDE EL 11

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