martes, 20 de octubre de 2026

TRIGUEROS, DIEZ AÑOS DE UN SUEÑO LLAMADO DAVID DE MIRANDA

La localidad onubense se vistió de fiesta para celebrar el décimo aniversario de la alternativa de su torero, en una tarde de lleno, emociones compartidas y recuerdos que calaron hondo antes de que los capotes dibujaran sus primeros vuelos.


Hay tardes que nacen con vocación de quedarse en la memoria...y ojalá de perdurar en el tiempo. Tardes en las que el toreo trasciende el ruedo para convertirse en sentimiento, en raíces, en memoria compartida. Trigueros vivió una de ellas el pasado domingo, 18 de octubre, cuando sus tendidos se llenaron hasta la bandera para celebrar los diez años de alternativa de David de Miranda, un torero que lleva el nombre de su pueblo prendido en el corazón y que encontró en su gente el mejor testimonio de una década de entrega a la profesión.

La expectación se hizo presente desde mucho antes de que sonaran los clarines con un "no hay billetes" colgado desde hacía 20 días. No era una tarde cualquiera. Sobre el papel, un cartel de atractivo indiscutible, con Enrique Ponce, David de Miranda y el novillero local Guillermo Luna, encargado de aportar el aroma de la juventud y la ilusión de quien sueña con abrirse camino en el difícil universo del toro. Frente a ellos, los novillos de El Freixo, la ganadería propiedad de Julián López, El Juli, llamados a poner emoción y materia prima a una celebración que tenía mucho de homenaje y no poco de reencuentro.

Pero el cielo quiso dejar también su pequeña huella en los prolegómenos. Un leve chaparrón se asomó sobre la plaza, como una pincelada inesperada sobre el lienzo de la tarde. Apenas un instante de lluvia, suficiente para añadir un punto de incertidumbre a los primeros compases, pero incapaz de apagar la ilusión que desbordaba los tendidos. Fue precisamente entonces cuando el tiempo pareció detenerse. Antes de que se rompiese el paseillo, la plaza guardó un respetuoso minuto de silencio en memoria de D. Manuel Ángel Millares, en el primer aniversario de su fallecimiento. Bajo aquella lluvia fugaz, el recuerdo adquirió una solemnidad especial. El silencio, tan elocuente a veces como el más rotundo de los olés, unió a los presentes en un mismo sentimiento de respeto y afecto. Porque también de eso está hecha la fiesta: de memoria, de ausencias y de nombres que permanecen vivos en el corazón de quienes los recuerdan.

Enrique Ponce comparecía con el poso de quien ha escrito páginas fundamentales en la historia reciente de la tauromaquia; David de Miranda, con la emoción añadida de celebrar una fecha señalada ante sus paisanos, y Guillermo Luna, con la responsabilidad y el privilegio de sentirse profeta en su tierra, arropado por una afición que quiso acompañarlo en su cita con el futuro.

Y cuando la seda, vestida de corto para la ocasión, comenzó a dibujar su particular lenguaje sobre la arena, Enrique Ponce volvió a demostrar por qué su nombre ocupa un lugar de privilegio en la historia del toreo. Estuvo muy bien en sus dos novillos, dejando muestras de ese oficio inmenso, esa capacidad para entender las embestidas y esa naturalidad que han sido señas de identidad de toda una época. Pero fue especialmente en su segundo donde emergió el Ponce más rotundo, el torero de figura que siempre fue: el hombre capaz de convertir la dificultad en armonía, de acompasar los tiempos con una precisión admirable y de someter la embestida a la cadencia de una muleta que parece prolongación de su propio cuerpo. Hubo en aquella faena ecos de una tauromaquia añeja y eterna, la de quien conoce todos los secretos del oficio y sabe que el toreo grande no necesita alzar la voz para imponerse. Ponce volvió a ser Ponce, en la expresión más cabal de su concepto, con la autoridad serena de las grandes figuras.

La tarde tenía, sin embargo, un nombre propio, y cada mirada parecía regresar inevitablemente a David de Miranda. El torero de Trigueros afrontó sus dos novillos con una seguridad que hablaba de madurez, de conocimiento y de confianza en sus propias posibilidades. Se mostró sobrado ante ambos, dueño de las distancias y de los terrenos, gobernando las embestidas con un toreo de clase, temple y dominio. Su muleta dibujó trazos acompasados, sin precipitación, buscando siempre que la embestida encontrara su sitio y que cada pase tuviera la hondura de lo que nace desde el convencimiento.

En David de Miranda hubo firmeza sin rigidez, mando sin aspavientos y una manera de torear que encontró en el temple uno de sus principales argumentos. Supo conducir a sus oponentes con la serenidad de quien conoce el camino y con la personalidad de quien no necesita renunciar a su concepto para imponerse. Ante su gente, en una fecha tan señalada, ofreció la imagen de un torero hecho, capaz de asumir el protagonismo de una celebración que no era solo un recuerdo de sus comienzos, sino también una afirmación de su presente. Diez años después de la alternativa, el aniversario encontró en su actuación una hermosa manera de mirar hacia delante.

La juventud tuvo su espacio en las manos de Guillermo Luna, que compareció ante sus paisanos dispuesto a aprovechar una oportunidad de las que dejan huella. El novillero local estuvo muy bien en sus dos novillos, mostrando decisión, valor y una actitud que conectó pronto con los tendidos. Especialmente vibrante resultó el comienzo de faena a su primer oponente, cuando se hincó de rodillas para recibir las primeras embestidas y enlazó después pases cambiados por la espalda, en una declaración de intenciones que encendió el ambiente. Fue un inicio de alto voltaje, de esos que anuncian que el joven torero ha venido a jugarse la carta con determinación.

Más allá de ese arranque, Luna mantuvo una disposición firme durante sus dos actuaciones, buscando siempre imponerse y demostrar que la ilusión puede convertirse en argumento cuando se acompaña de valor y entrega. Arropado por sus paisanos, encontró en el calor de la plaza el impulso necesario para afrontar las dificultades y dejar constancia de su ambición. En una tarde que reunía a una figura consagrada y a un matador en plena madurez, Guillermo puso la nota de juventud y esperanza.

El lleno de los tendidos hablaba por sí solo. La respuesta de Trigueros fue la de un pueblo que reconoce a los suyos, que sabe celebrar sus triunfos y que entiende el significado de una fecha como esta. Diez años después de aquella alternativa que abrió las puertas de una nueva etapa, y quince desde aquella tarde de estreno en Paterna del Campo, David de Miranda regresaba al encuentro de sus raíces para compartir con su gente el camino recorrido, los sacrificios asumidos y la ilusión que permanece intacta cada vez que se viste de luces. Porque la alternativa no es únicamente una ceremonia ni una fecha escrita en el calendario. Es una frontera entre el sueño y la responsabilidad, entre la esperanza del novillero y la exigencia del matador de toros. Y cumplir una década desde aquel momento supone mirar atrás sin dejar de otear el horizonte, con la memoria de lo vivido y la ambición de cuanto todavía queda por conquistar.

Trigueros fue escenario y protagonista; David de Miranda, motivo y sentimiento; y el toreo, una vez más, el lenguaje elegido para reunir a todos en torno a una misma pasión. Diez años después de su alternativa, el torero triguereño celebró junto a los suyos una década de camino recorrido, con la mirada puesta en el futuro y la certeza de que hay lugares donde cada triunfo tiene un sabor distinto. Porque en su tierra, donde los sueños comenzaron a tomar forma y donde cada aplauso lleva algo de memoria y de orgullo compartido, David de Miranda no fue solamente el protagonista de un aniversario. Fue el hijo que vuelve a casa convertido en torero, el hombre que celebra lo andado sin renunciar a lo que queda por andar. Y Trigueros, bajo un cielo que dejó caer unas gotas al comienzo de la tarde, volvió a abrazarlo con el lenguaje más hermoso que conoce: el de una plaza llena y una afición entregada.










































miércoles, 23 de septiembre de 2026

TRIGUEROS RECUPERA SU FESTIVAL TAURINO

 


El festejo se celebrará el próximo 18 de octubre, a las cinco de la tarde, con reses de El Freixo y un cartel, obra del pintor triguereño Manuel Ramírez Vega, que reúne al matador triguereño, a su apoderado y al novillero local Guillermo Luna

Trigueros volverá a vivir una de esas tardes que forman parte de la memoria taurina de un pueblo. El próximo 18 de octubre, a las cinco de la tarde, la localidad onubense recuperará su tradicional festival taurino, después de más de una década de ausencia. El último se celebró en 2012, cuando el XII Festival Taurino de Trigueros reunió a destacados nombres del escalafón y a varias de las principales ganaderías vinculadas a la provincia de Huelva.

El regreso adquiere además un significado especial porque llega ligado a una fecha señalada para uno de los grandes referentes actuales del toreo onubense: David de Miranda. El diestro natural de Trigueros cumple este año el décimo aniversario de su alternativa, tomada el 5 de agosto de 2016 en la plaza de toros de La Merced de Huelva, con José Tomás como padrino y Alberto López Simón como testigo.

Diez años después, aquel joven torero que comenzaba a abrirse camino se ha convertido en uno de los nombres destacados del toreo actual. Su temporada 2025 supuso un punto de inflexión en su carrera, con importantes triunfos en plazas de primera categoría y, especialmente, con la salida por la Puerta del Príncipe de la Real Maestranza de Sevilla, convirtiéndose en el único matador que logró ese reconocimiento en aquella temporada.

Y precisamente la gran novedad que rodea a David de Miranda en esta nueva etapa profesional estará también presente en Trigueros. Enrique Ponce, una de las grandes figuras de la tauromaquia de las últimas décadas, será uno de los nombres propios del festival en su condición de apoderado del torero triguereño. Ambos iniciaron esta relación profesional a finales de 2025, en el que supone para Ponce su incorporación al mundo del apoderamiento activo.

La presencia de Ponce junto a David de Miranda convierte el festival en algo más que una celebración de aniversario. Es también la puesta en escena, en el propio pueblo del torero, de una nueva alianza profesional que ha despertado un notable interés en el mundo del toro. El maestro valenciano, que conoce como pocos las exigencias de las grandes plazas y de la profesión taurina, afronta junto al diestro de Trigueros el reto de consolidar una carrera que vive actualmente uno de sus momentos de mayor proyección.

El cartel tendrá además un marcado carácter local con la presencia del novillero Guillermo Luna, otra de las jóvenes esperanzas surgidas de la cantera triguereña. Su inclusión permitirá que el festival no mire únicamente al presente y al pasado, sino también al futuro de la tauromaquia de la localidad.

El toro de El Freixo

Las reses pertenecerán a la ganadería de El Freixo, propiedad de Julián López, El Juli, uno de los nombres fundamentales del toreo de las últimas décadas. El hierro pondrá el elemento ganadero a una tarde concebida alrededor de una celebración muy especial para el toreo de Trigueros.

La elección de la ganadería encaja, además, en una localidad profundamente vinculada al campo bravo. Trigueros no es únicamente un lugar donde existe afición taurina: es también territorio ganadero y cantera de toreros. El propio Ayuntamiento destaca la presencia histórica en su término de ganaderías como Hijos de Celestino Cuadri, Manuel Ángel Millares y José Ramos Huelva, así como la trayectoria de diferentes toreros y novilleros nacidos en la localidad.

Entre ellos ocupa un lugar central la figura de José Ramos, tío de David de Miranda y ganadero de bravo, cuya finca y relación familiar tuvieron también importancia en los primeros pasos del torero triguereño. De hecho, el propio nombre artístico de David de Miranda procede de la finca vinculada a la ganadería de su tío.

A esa tradición ganadera se suma una amplia nómina de toreros y jóvenes valores. Además de David de Miranda y Guillermo Luna, Trigueros ha dado nombres como los novilleros David Ramírez y Manuel Garrido, junto al recortador Lázaro Ortega, formando parte de una historia taurina que se mantiene viva generación tras generación.

Volver a abrir una puerta que permanecía cerrada

La recuperación del festival supone, por tanto, algo más profundo que la organización de un festejo aislado. Trigueros volverá a recuperar un formato que durante años estuvo ligado a su calendario taurino. El festival de 2012, el XII de su historia, contó con la participación de toreros como Luis Vilches, Víctor Puerto, Antonio Ferrera, Antonio José Blanco, Pérez Mota y el entonces novillero David de Miranda, además del rejoneador Andrés Romero, y reunió ganaderías como Cuadri, Millares, Murteira Grave, Prieto de la Cal y Buenavista.

Aquella edición dejó precisamente una imagen que hoy adquiere valor retrospectivo: David de Miranda desorejó a un ejemplar de Buenavista cuando todavía era novillero, en una tarde en la que Antonio Ferrera y Víctor Puerto también tuvieron actuaciones destacadas.

Catorce años después de aquella cita —y tras una larga ausencia de festivales— el mismo pueblo volverá a colocar a David de Miranda en el centro de una tarde taurina. La diferencia es que ahora lo hará como matador de toros consolidado y en el marco de su décimo aniversario de alternativa.

En esta recuperación resulta igualmente determinante la iniciativa y el respaldo del Ayuntamiento de Trigueros y de su Corporación de Gobierno, encabezada por el alcalde Vidal Blanco. La actual corporación municipal viene mostrando una apuesta continuada por mantener y potenciar la tradición taurina de la localidad. Las Fiestas Taurinas Tradicionales siguen siendo una de las principales señas de identidad de Trigueros y en los últimos años el Ayuntamiento ha impulsado nuevas iniciativas destinadas tanto a conservar esa tradición como a promocionar a los jóvenes valores.

Ese compromiso institucional encuentra además un terreno especialmente fértil en una localidad que vive el toro durante todo el año y que cuenta con una afición organizada en torno a entidades como la Peña Taurina La Divisa y la Tertulia Cultural Taurina David de Miranda.

El próximo 18 de octubre, Trigueros volverá, por tanto, a tener una cita con su historia taurina. Un festival que nace para celebrar diez años de alternativa de uno de los toreros que más ha hecho sonar el nombre de la localidad, que reúne en el mismo cartel a David de Miranda y a su apoderado Enrique Ponce, que ofrece una oportunidad a la cantera representada por Guillermo Luna y que devuelve a los aficionados un festejo que llevaba demasiado tiempo esperando.

Trigueros recupera su festival. Y lo hace mirando al pasado, celebrando el presente y apostando, una vez más, por el futuro de su tauromaquia.

sábado, 8 de agosto de 2026

LAS COLOMBINAS 2026... DESDE EL 11


 Hay cosas que vuelven cada año sin que uno termine de acostumbrarse a ellas. Vuelve el verano. Vuelven las luces encendidas cuando la tarde empieza a rendirse. Vuelve el bullicio, el caballo, el albero, las noches largas y las conversaciones que empiezan hablando de toros y terminan hablando de la vida. Y vuelve Huelva a mirarse en el espejo de sus Colombinas.

Pasó un año más. Y quizá, si uno mira el papel, haya sido uno de los carteles más completos de los últimos años. Ha habido de todo, como en botica: novillada sin caballos y novillada con caballos —que no falten nunca, porque en esas manos jóvenes está el mañana de este tinglado—; una corrida de Miura para recuperar el pulso torista que nunca debimos perder; rejones, porque Huelva también entiende de caballos; y dos tardes de figuras. Morante, Roca Rey, Luque, Perera y David de Miranda. Sobre todo David de Miranda. Porque si algo tuvieron estas Colombinas fue nombre propio. Y ese nombre fue el de un torero que lleva diez años caminando por el albero de la profesión y que, quizá sin que nos hayamos dado cuenta, ha empezado a caminar también por la historia taurina de su tierra.

Hubo una buena corrida de Juan Pedro Domecq, con ese indulto casi convertido ya en tradición de agosto. Y, si hubiera que buscarle una grieta a estas Colombinas, seguramente estaría en el día grande: seis toros de distintas ganaderías para una plaza que quizá merecía otra cosa. Pero eso es la fiesta, una suma de aciertos y desaciertos. De tardes que se quedan y tardes que se escapan. De toros que embisten y toros que no. De toreros que vuelan y otros que simplemente pasan. Y este año, además, las vi desde el 11 Bajo. Rodeado de gente excelente, y eso, aunque no figure en ningún cartel, también cuenta.

Donde empieza el futuro

El 29 de julio se abrió la puerta de la feria y detrás de ella venía el futuro. Novillos de Arucci y D. Manuel Ángel Millares para una novillada sin picadores en la que los chavales pudieron asomarse, por primera vez o casi, a ese abismo que es una plaza de toros todavía con el oficio a medio hacer. Todavía con los pasos inseguros. Todavía aprendiendo dónde se pone el cuerpo, dónde se pone el alma y dónde se pone el miedo pero con ganas. Y mientras haya ganas, habrá futuro.

Al día siguiente llegó la novillada con picadores de Cochicho, y aquí la ilusión se encontró con un enemigo que no estaba en los planes: la falta de fondo y de raza. Una novillada que terminó apagando demasiadas ilusiones. En el cartel, dos toreros de Huelva: Carlos Tirado y Guillermo Luna. Los dos estuvieron muy por encima de lo que tenían delante... y luego apareció Julio Norte. El salmantino pasó por Huelva como pasan los trenes cuando llevan prisa. Arrollador, con hambre. Con esa sensación de que algo está a punto de ocurrir, demostró por qué está a las puertas de la alternativa y, de no haber sido por la espada, quizá habría acabado saliendo a hombros.  En esta tarde, además, la tarjeta de memoria decidió hacer de las suyas, jugandome una mala jugada de esas que uno acepta con resignación y esperanza. Espero recuperar las fotografías porque algunas tardes también merecen ser recordadas en imágenes.









Miura: cincuenta años después

Y entonces llegó el 31 de julio. Y Huelva volvió a escuchar un nombre que llevaba medio siglo sin pronunciarse desde el ruedo. Miura. Cincuenta años de ausencia. Cincuenta años son demasiados para cualquier cosa. Pero quizá no para un nombre como este, porque hay ganaderías... y luego está Miura.

Una corrida perfectamente presentada que volvió a recordarnos por qué estos toros ocupan un lugar diferente en la tauromaquia. Con Miura todo pesa más. Una embestida, un capotazo, un par de banderillas, un muletazo... Hasta los silencios tienen otra densidad. Lo que se hace delante de un Miura llega al tendido de una manera distinta. Y en esa tarde tengo que quedarme con Manuel Escribano. Un torero que no sabe guardarse nada. O quizá sí sabe, pero ha decidido no hacerlo nunca. Honesto hasta las últimas consecuencias. De los que dejan el cuerpo, el miedo y el orgullo en el mismo sitio: delante del toro. Después del percance sufrido en el tercio de banderillas del primero, salió de la enfermería, porque había venido a torear. 

Pero, sobre todo, porque había venido a Huelva, a esa Huelva que tanto le ha dado desde aquel 2004 en el que mató su primera corrida después de la alternativa, precisamente ante toros de D. Manuel Ángel Millares. Y no creo que mereciese el trato de la presidencia. No después de una tarde en la que el de Gerena dejó hasta la última gota. Alejandro Conquero volvía a su tierra y suyo fue uno de esos momentos que para algunos pueden pasar desapercibidos, pero que para un aficionado tienen un valor enorme: Dejar ver el toro en el caballo. Dejarlo llegar. Ponerlo largo. Darle distancia aun sabiendo que aquello puede jugar en contra. Eso es de agradecer. Mucho. Porque cuando se torea tan poco y, aun así, se aceptan compromisos como Miura, Cuadris, Prieto… hay algo que va mucho más allá de una tarde. Hay una voluntad. Hay una dignidad. Hay una forma de entender esto. El Fandi completaba el cartel.










Un toro extraordinario y una pregunta incómoda

El 1 de agosto amaneció con ese olor de las tardes importantes. Y terminó con el indulto de turno. “Onírico” un toro extraordinario de Juan Pedro Domecq. Un toro que, en las manos de Perera, fue creciendo, que terminó embistiendo más y mejor cuando la faena ya estaba muriendo que cuando apenas comenzaba. Un toro de vuelta al ruedo. Sí, pero no de indulto.

Lo que Conquero quiso enseñarle al AFICIONADO el día anterior, Perera se lo guardó para él. Un picotazo en el caballo y poco más. Y así no se puede indultar un toro. No debería ser tan complicado, ponerlo dos veces más de lejos, dar la vuelta a el palo si no se quiere castigar más en el peto y dejar que el toro demuestre lo que lleva dentro. Así de sencillo. Así se acabarían muchas de las teorías de la indultitis. Lo cierto y verdad es que “Onírico” se volvió a Lo Álvaro y todos contentos.

Y Roca Rey llegó a Huelva dispuesto a no dejarse ganar la partida. Llegó hecho un tío sin mirar demasiado alrededor y sin dejar que el ambiente decidiera por él. Y volvió a demostrar por qué está donde está. Y entonces apareció David de Miranda en su primera tarde y quizá ya entonces empezábamos a intuir lo que vendría después. Porque David no toreó simplemente en Huelva, David toreó para Huelva. Para esa tierra que le vio crecer. Para esa plaza que ha sido testigo de cada escalón de su carrera. Para una afición que lo ha visto caerse, levantarse, aprender y convertirse en torero. Diez años después de la alternativa, quizá haya llegado el momento de decirlo sin miedo: David empieza a mandar. Y si hay dos palabras que llevan años buscándose, son estas: Huelva-Miranda. Miranda-Huelva. No sé si existe una combinación más bonita.












Cuando Huelva se sube a caballo

El 2 de agosto cambió el sonido. Volvieron los rejones, y volvió también el caballo. Tercer “no hay billetes” de las Colombinas. Porque Huelva no solo sabe de toros, Huelva sabe de caballos. Los lleva dentro. Seis rejoneadores y una corrida de Fermín Bohórquez que no terminó de estar a la altura de las expectativas, y sin embargo, seis hombres empeñados en hacer fiesta. Andy Cartagena, Diego Ventura, Andrés Romero, Guillermo Hermoso de Mendoza, Sebastián Fernández y Duarte Fernandes. Todos por encima de lo que tenían delante. Sí, reconozco mi debilidad por los Hermoso de Mendoza, pero sería injusto quedarse ahí. Porque Sebastián Fernández me sorprendió... y mucho. El granadino tuvo una tarde para reivindicarse. Y Duarte Fernandes, ese portugués que quizá algunos miraban con más curiosidad que certezas, dejó también razones para mirarlo de otra manera. Y Guillermo volvió a explicar, sobre el caballo, que el toreo no necesita siempre arena. A veces basta con cuatro patas, un jinete y un animal buscando juntos la distancia exacta.










El día que debía ser grande

Y llegó el 3 de agosto. En el día grande de Huelva llegaba a Huelva Morante de la Puebla, nombrado por muchos el nuevo mesías del toreo. El último genio para otros. Morante es eso, un misterio. Un hombre que parece estar esperando que todas las piezas del puzle encajen para empezar a torear. Cuando encajan, sucede algo distinto. Algo que no se explica y que simplemente ocurren. Pero en Huelva no quisieron encajar. El primero de Domingo Hernández se rajó demasiado pronto, y el segundo, de Pablo Mayoral, fue un inválido que apenas pudo moverse después del recibo muletero. Y Morante tiró por la calle de en medio. No hubo milagro basicamente porque tampoco hubo toro. Incomprensible la actitud de una plaza por la que bebo los vientos, pero que a veces tiene actitudes difíciles de defender. Y después vino Daniel Luque, por encima de un toro de Pereda demasiado soso. En su segundo, encontró un gran toro de Santiago Domecq y entonces sí. Entonces hubo faena de las que cambian una tarde, de las que justifican una entrada y de las que dejan el albero con otra temperatura. Faenón y puerta grande.

Y entonces estaba David

Me preguntaron el otro día si disfruté con David de Miranda y tuve que pensarlo. Porque la verdad es que yo disfruto con David cuando ya todo ha pasado. En la plaza no me da tiempo. No puedo. Me cuesta disfrutar porque estoy demasiado ocupado sufriendo. Porque con David ya no hay límites. No quedan. Los ha ido empujando uno a uno hasta colocarlos muy lejos de donde estaban. Miranda es capaz torear un toro con clase como nadie, pero también es capaz de coger a cualquiera del montón y hacer que parezca un toro con esa misma clase, meterlo en la muleta y hacerlo parecer fácil, como si el toro fuera bueno porque él lo ha decidido. Este ya ve toro donde los demás vemos poco. Ve toro en el bueno, en el menos bueno y hasta en el malo. Quizá porque conoce al toro, quizá porque conoce el miedo, quizá porque, después de tantos años, ha aprendido que delante de un animal bravo siempre queda una última posibilidad. David se ha convertido en Goliat.

Y aquella tarde le quedaba la deuda de Huelva, y David no sabe pagar a medias. Se vació con el primero de Juan Pedro, y con el segundo, de Pablo Mayoral, alcanzó algo más difícil todavía: Lo sublime. Y ahí está nuestra penitencia. En mirar cómo este hombre pone los muslos delante de una profesión que demasiadas veces ha olvidado que la dignidad también se torea. David se puso delante de un toro que tenía poco bueno dentro... y lo obligó. Le pudo. Lo sostuvo y lo llevó. Lo toreó. Y cuando ya no quedaba nada que pedirle a la tarde, sacó la espada. La estocada de las Colombinas. La que cerró el círculo y la que convirtió una faena en recuerdo. Y una feria hecha en historia. Grande David. Grande Miranda.












Hasta que vuelva a cruzar la bahía

Y se fueron Las Colombinas, como se van todas las cosas que uno espera durante meses y que, cuando llegan, pasan demasiado deprisa. Se fueron los toros, los caballos, las luces, las noches, los tendidos llenos, los “¿has visto lo que ha hecho?”, los “ese toro era de vuelta”, los “eso no era un indulto”, los abrazos, las fotografías, los silencios... Y se fue también este 2026 taurino que, desde el 11 Bajo, he intentado guardar como he podido. Espero haber estado a la altura con las fotografías que buenamente pude tomar. Prometo mejorar. Porque uno siempre promete mejorar cuando quiere seguir mirando. Y yo quiero seguir mirando, seguir aprendiendo, seguir equivocándome... seguir viendo a Huelva. Mi Huelva.

Porque al final, después de los toros, de los nombres, de las puertas grandes y de las orejas, siempre queda ella...Huelva. La que se queda cuando todo termina, la que apaga poco a poco las luces, la que recoge la feria y vuelve a ponerse su traje de ciudad, La que mira hacia la ría cuando la noche empieza a caer. Y entonces aparece esa imagen. Los pescadores, cansados de sus labores, regresando a Punta Umbría .... Aaayyyy, mi Huelva quiero seguir viéndote cruzar la bahía.


TRIGUEROS, DIEZ AÑOS DE UN SUEÑO LLAMADO DAVID DE MIRANDA

La localidad onubense se vistió de fiesta para celebrar el décimo aniversario de la alternativa de su torero, en una tarde de lleno, emocion...