La soledad del campo bravo hace que, la mayoría de las veces, lo invisible se haga visible. Son momentos solo para los elegidos, donde el torero deja rienda suelta a lo que realmente lleva dentro en la intimidad que te da el sonido del viento entre alcornoques, encinas y acebuches.
Las imágenes son del año 2012. Lujazo el poder ver y disfrutar en la Pelá a dos matadores de toros como Rafaelillo y Antonio Ferrera. Un Ferrera que es como el vino viejo, que con el tiempo va cogiendo ese sabor añejo que, para algunos como es mi caso, va evolucionando hacía esa involución que hace que el toreo adquiera sentido. Un lujazo ver el cuajo de un señor torero ante eralas pidiendo papeles de lidiador. Un lujazo de soledad. Un lujazo...
Al colocar la fotos, dos personas se me vienen a la mente. Una es Cristina Barba, mi Cris, aficionada como de las que ya no quedan. Y otra Jesús, embajador del toro y la tauromaquia para el recuerdo de muchos, y apoyo fundamental para este sitio y para el que les escribe. Para ambos, con todos mis repetos, unos retratos de un pedazo de TORERO: D. Jose Antonio Ferrera San Marcos.