LA ETERNIDAD DE UNA SONRISA


Era el si. Era ese perenne olor a injusticia torera que presentaba cada tarde que mas falta hacía la gloria. Si, era el. Aquel que empezó a revolotear por las Ventas el pasado viernes 24 de mayo un rato antes de que Julián López "el Juli" confirmara la alternativa a un torero de Trigueros. O de Huelva, como quieran. Pero un rato antes de romper el paseillo, le dije a Enrique y Sergio que estaba hasta las trancas. Lo olía. Era como aquel que había sentido otras muchas veces en circunstancias difíciles. No era yo el que tenía que tragar quina... o si. No lo sé. Ni lo sabía. Pero si es cierto que algo de mi, de mi mujer, de todos y cada uno de los triguereños/ñas, vecinos beasinos/as y de onubenses en general que se habían trasladado a Madrid, se habían vestido de blanco y oro para romper el paseillo a orillas de la calle Alcalá. Pero aquel perfume seguía allí, desde que el paquete de Nobel perdía efectivos a la salida de Molador, hasta que salió Despreciado...

No voy a entrar en historias de números de despojos conseguidos. Lo de la casquería nunca me gustó. Las cifras para los que aman solo las cifras, los estadistas, sin fijarse en el entorno de la muestra. Me quedo con el conjunto de una actuación de una tarde, y como no, de esa segunda faena. Una tarde redonda, contundente, donde David siempre estuvo en su sitio. Tanto en sus toros, como en los de los compañeros. Mostró las intenciones en su primero con entrega y firmeza, entro en quites tanto en sus toros como en el de Paco Ureña, y dejó la impresión de venir a Madrid como tiene que venir un torero a confirmar. Yo no voy a juzgar si en el noveno muletazo y en el doceavo no se lo metió para atrás o si en este o aquel adelanto mas la pierna que en el otro. Me voy a quedar con que no la retrasó nunca. Porque no era tarde de ponerse guapo para la foto. Porque no era tarde de dar muletazos a media altura, sino de todo lo contrario, de bajar la mano a un Juampedro herrado con el numero 58 que lo quería todo por abajo y sin duda alguna, porque las dudas... había que pagarlas con sangre. Tan bravo fue el toro en la muleta, que en la arrucina de adorno, en cuanto perdió la tela delante del morro se quedó en los talones de David. Lo que viene siendo un toro exigente y bravo. Y allí estaba "Davilillo", como cariñosamente le llama Fernando Cuadri, como aquel héroe que no le volvió la cara a la cita con el villano de turno para pasar a la historia o desaparecer definitivamente del comic.
Rugió las Ventas en cada muletazo perfecto dentro de tanta imperfección que tuvo la tarde desde un principio, imposible de ver para unos pocos y a la que poco importó a David para jugarse los muslos a cara de perro. Para cuando muchos acababan de preguntarse "quien era ese tio" la locura ya les había enganchado. Y se llenaron los bares en Trigueros para ver a su torero, igual que se llenaban las pocas casas que tenían radio o televisión en tiempos de otro matador de toros triguereño, para ver como David se pasaba las dos guadañas por los costados en bernardinas que hubiese firmado el mismo Pablo Gómez Terrón.

Y fue en el momento de irse a por la espada donde los nervios no aguantaron mas. Me senté en mi localidad de la grada del 6 y se me empezaron a pasar muchas cosas por la mente. Mi padre, que hubiese disfrutado como nadie viéndolo. Manolín e Ignacia, el mache, Narciso, Mari, Juanma, Salud,  el sonido de unas campanillas de madrugada el último lunes de enero, un amanecer de pentecostés en la plaza de doñana,... De ese año de lucha, sacrificio y superación donde nunca desapareció de la cara de David Pérez Sánchez esa eterna sonrisa que nos daba fuerza a todos, y sobre todo de aquella ilusión vestida de tinto y azabache que sin duda estaría allá abajo empujándolo para que alcanzara la gloria junto con aquel vendaval de bravura de Juan Pedro Domecq llamado "Despreciado". Y fue en aquel preciso instante cuando aquel aroma de adversidad torera desapareció. Una explosión de 23.798 almas me hizo levantarme del asiento y mirar como aquella espada estaba en todo lo alto. Ahora si. Ahora olía a incienso nazareno y a sal de la mar.  Así se fue David de Miranda de las Ventas, por la puerta grande que le debía el destino. Torero de Trigueros, o de Huelva como la bandera que lo acompañaba, con esa sonrisa eterna que da la grandeza del toreo. El resto... ya es historia.

A este juntaletras se le pueden poner ahora mil correcciones y apreciaciones, pero he tratado de transmitir lo que viví el viernes pasado en las Ventas. Los que conocemos a David de Miranda sabíamos que era cuestión de tiempo. Solo tiempo. Fue el pasado viernes 24 de mayo, y yo estuve allí para verlo. Las sensaciones en la puerta grande después con su madre, su familia y su entorno me las quedo para mi. 
Gracias David. Gracias torerazo!!!!!!

FOTOS: Ceferino Villaseñor. Gracias Cefe!!!!


P.D.: Quería mandar un abrazo enorme a Luis García (el carnicero) y su familia, gran aficionado y Mirandista de pro, por el fallecimiento ese mismo día de su esposa y a los dos días de su hermana. Y otro abrazo para mi amigo Norberto, a su padre y sus hermanos, y a Elena por el fallecimiento de su madre. DESCANSEN EN PAZ.





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