HOLA PAPÁ


Hablamos casi a diario, como toda la vida, pero desde hace casi nueve años, nos conectamos desde ese humilde hueco que me dejaste y que ahora fliparias de como está. Dicen por ahí que nos veis desde allá donde estáis, aunque sabes también lo incrédulo que fui siempre y, aunque nos funciona la wifi a diario de mil maravillas, creo que ni nosotros mismos sabemos ver lo que tenemos un palmo por delante nuestra. Casi nueve años ya papá de conversaciones que me sirven para no desviarme del camino del respeto que un día me enseñaste, respeto que por otro lado, si no fuese por esa wifi que me llega desde el infinito, ya hubiese perdido. Un respeto basados en los valores que parten de unas raíces humildes, y que siempre tendieron (y siguen tendiendo) hacia la mano con las que uno pega naturales a la vida. Pero todo ha cambiado papá. Ya nada es como hace casi nueve años.

Es la primera vez en la vida que tengo miedo Joselillo. Miedo porque los tuyos, los míos, los nuestros... nos dejaron con el culo al aire. En tierra de nadie. El mundo se tambalea como cualquier barquito de papel en medio de un gran océano de egos en días de temporal. Lo mismo se badea a proa que a popa, y las ratas solo saben correr para el extremo donde no llega el agua, mientras que pasan por el lado de los que intentamos aguantar aquello haciéndonos burlas y monisquetas mientras nos llaman tontos. A casi nadie le importa el sufrimiento callado de los de tercera clase, afinados en las bodegas del barco, y que al fin y al cabo serán los primeros en irse al fondo como si del mismísimo Titanic se tratase, con la única diferencia que su capitán no se ira al fondo con nosotros, sino que será la primera rata en saltar a un bote salvavidas.
Cuando hablo de sufrimiento callado papá, hablo de la mas explicita definición de lo que un día me dijiste que era la democracia. Porque en eso es en lo que la hemos convertido papá, en un sufrimiento taciturno no apto para pequeños y grandes dictadores. Ahora si papá, ahora si que tengo miedo.

Aún recuerdo aquel 13 de Julio del 97, y de como me decías que era de los peores días que habíamos pasado en la vida. Me acuerdo que me lo comparabas con aquella triste época que te tocó vivir de pequeño, donde el horror del miedo te esperaba en la puerta de casa simplemente por pensar diferente. Hoy te tengo que pedir perdón papá, porque porque no hemos sido capaces de hacer desaparecer las diferencias que motivaron que aquel horror apareciese. Hemos vuelto a aquellos tiempos en que los pastores vestían a los lobos con pieles de cordero y los mandaban a cuidar del rebaño. Y lo que duele mas, ver a los corderos justificar a esos mismos lobos a sabiendas de que les quedan un telediario simplemente con la convicción de que siguen siendo corderos. Y mientras tanto, los perros del rebaño, que deberían ser fieles aliados, les importa una mierda la gobernabilidad de la peña mientras el pastor les dén su ración de pan diario. Perdona papá.

Te tengo que pedir perdón a ti y a todos los que supisteis dejar el pañuelito de mitad de la cuerda en el punto justo de equidad. Los que tuvisteis los santos cojones de tragaros el orgullo y el ego por el beneficio de todos. A todos los que dejasteis de tirar de cada extremo de la cuerda... PERDÓN. Ahora ya nada es igual papá. Ahora apuntan a tu linea de flotación, a lo que mas duele. La mayoría, excepto ellos, estamos tocados, pero no hundidos. Ya veremos que pasa el día que nos hundan y se junte con el miedo papá. Y lo peor de todo es que los que disparan son los tuyos, los mios... los nuestros. Por lo demás todo sigue igual papá. Tengo mi familia, mi perro que me espera todos los días cuando llego del trabajo, un techo que todavía no se me ha quebrao y la parcelita que me dejaste desde donde hablamos todos los días. Me "alegro" de que no te haya tocado vivir esto y de que Kenia, tu perra del alma, esté contigo. Tu Athletic de Bilbao y mi Betis siguen igual. Tan igual que siguen sin poder unir los puntos para ser campeones de liga. Es lo único que no ha cambiado en ese aspecto. Ojalá pudiese retrasar el tiempo quince o veinte años atrás en todos los aspectos, pero aunque quisiera, tampoco me dejarían si a ellos no les gustase.

Hasta mañana papá. Te quiero mucho.

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