LA VAQUILLA (L.G. BERLANGA)


Un visionario fue Luis García Berlanga allá por el año 1985 cuando estrenó el largometraje "La vaquilla". Una comedia basada en la guerra civil, donde uno de los bandos decide robar la vaca que iba a ser protagonista del pueblo mas próximo ocupado por el bando rival para joderles las fiestas y de camino comerse al pobre animal. Quien le iba a decir al director valenciano que 35 años después, y quitándole la palabra "comedia" a su peli, iba a clavar la situación actual del país y sobre todo, de la pobre vaquilla. 
Aún recuerdo cuando la vi por primera vez, siendo muy joven. Aún recuerdo lo bien que me lo pasé durante toda la película, sin saber realmente lo que significaban ambos bandos porque alguien con la mente muy lucida había decidido no explicarle a un niño lo que aquello realmente significaba. Siempre me enseño a quedarme con el lado bueno de las cosas (lo cómico en este caso) y dejar a un lado todo aquello que nos separaba mas que nos unía. Lo cierto y verdad es que lo que mas recuerdo de la película fueron los últimos cinco minutos. Aquel animal que iba a formar parte de la tradición de un pueblo, es intentado robar por otros solo por el hecho de joder al de enfrente y al final acaba muriendo justo en la linea que dividía ambos bandos. Sola, abandonada por ambas partes mientras el "Limeño" y el "Cartujano" intentaban llevársela para su bando. Aquello si me marcó. Y sobre todo me marcó el ver como los buitres al final acababan devorando a aquel animal, que realmente no tenía culpa de nada y que al final acababa pagando con su vida el ego de dos bandos que dividieron a España en la época mas negra de su reciente historia. Recuerdo que aquel día, cuando acabé de ver la peli, rompió a llover como nunca. Para que la historia de Berlanga se repita, solo me queda abrir la ventana y esperar a que empiece a llover.

Esto se acaba. Lo de ver toros en el campo digo, que lo de los dos bandos nunca se acabará por desgracia. Hace poco, hablaba con una gran amiga por teléfono y le decía que nunca le había preguntado a nadie que se sentara a mi lado en un tendido que de que partido político era. Porque los toros no tienen color. Hoy en día ya puedo afirmar que desgraciadamente todos los colores se han cargado a los toros. Es como si a esos buitres que al final se comían a la vaquilla les pones a uno un jersey rojo, a otro uno morado, a otro uno azul, a otro uno naranja y a otro uno verde... y lo clava treinta y cinco años después Berlanga. Ahora contamos con dos bandos, uno de profesionales que se creen mas aficionados que nadie y otro de aficionados que se creen mas profesionales que nadie Unos que se han tocado los bemoles en las trincheras durante años, y los otros que se las están empezando a tocar cuando mas falta hace, mientras unos pocos de "Limeñistas" y "Cartujanistas" nos dejamos la piel como buenamente sabemos (o podemos) por un animal que se muere. A muchos, como le paso al "Tejaillo" no nos ha matado el toro, sino el hambre. Porque el toro, hoy mas que nunca, puedo decir que NO LE IMPORTA A NADIE. Ni a unos ni a otros. Solo a unos cuantos que vamos mas allá del postureo rancio en los callejones, tendidos y redes sociales. Solo para unos cuantos que no nos importa poner TODO por detrás del TORO. TODO. Lo triste es que somos tan pocos/as, que cabemos en dos mesas para tomar un café una tarde de junio. No somos nadie...

Quizás es el momento mas crítico que el toro esté pasando. La política se ha posado definitivamente en esto para corromperlo (como con todo), y el Covid le ha venido de maravilla para hacerse aún mas fuerte en la carrera por ganar votos. Los políticos han hecho el trabajo a la perfección. Hablo de los nuevos políticos, los del siglo XXI, que el toro ha vivido durante siglos con todas las ideologías y no ha pasado nada. Estos nuevos dictadores han ido creando la polémica entre el pueblo, agitando como nunca los extremos para que entre nosotros nos matemos mientras ellos engordan día tras día. Aquellos dos bandos con los que Berlanga comediaba hace treinta y cinco años han vuelto para quedarse y pudrir todo lo que habíamos conseguido durante eso que llamábamos democracia. Hoy a sido el toro, pero mañana será la caza, la pesca o las mondoñeras de Guachimanga. El lavado de coco es tal, que personas que dicen "amar" una cosa son capaces de echar pestes de la misma a cambio de vaya usted a saber que. Lo mas triste de todo es que en la mayoría es cambio de nada.

Hoy es un día triste. Hoy he tenido que salir a la calle a defender algo que legítimamente me pertenece: el salir un día al campo y poder seguir viendo al toro de lidia en su medio natural. Y lo que es peor, el poder salir mañana con mi ahijado a enseñarle a conocer al animal mas bello del mundo. Pero he ido porque me importa, despojado de ideologías y egos.  Libre de dogmas que me impidiesen echar una mano con mi presencia a la base de toda esta historia: EL TORO. Si el sigue existiendo en las dehesas en un futuro, tiempo tendré de seguir luchando por su integridad y demás. Pero a la hora de acudir o no siempre me plantee que era de gilipollas defender algo que no existe. Pero hoy sentí que tenía que estar y he estado. Hoy no era hora de pensar si mañana voy a ver toros por la tele, si voy a estar sentado en un tendido o nada... hoy era día de pensar en HOY. NI AYER NI MAÑANA. HOY. Pero hoy es un día triste, tan triste que hemos vuelto a las pelis de Berlanga, donde el final de la peli nos la adelantaron hace treinta y cinco años.



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